PRÓFUGOS DE LAS TERAPIAS
Hugo Compagnucci
Ensayo
PROLOGO
Era una tarde como cualquiera, entré a un drugstore de una YPF a comprar y estaba a mi lado, la última persona que hubiera querido encontrar.
El Licenciado de la UBA Luis Dotta, mi ex psicólogo, a cuyo consultorio dejé de ir por decisión propia y hasta cambié mi numero de celular para perderme.
Se dirige a mí, me saluda y dice-
--Hugo!... qué suerte para los dos habernos encontrado --
Sí- que suerte! ? Dije yo.
Licenciado- Estuve muy preocupado por usted. Nuestras sesiones quedaron inconclusas. Le voy a ofrecer algo imposible de rechazar, cobrarle el 25% de mis honorarios como pago simbólico, para que usted prosiga el tratamiento.
Yo- ¿Cual es su interés si mi paga es tan poca?
Licenciado- ¡Mucho es mi interés! Porque con usted no llegamos al nudo de su problema, y quiero poder hacerlo-
Yo había pagado y la cajera le dice-- Señor son $34- y da media vuelta, para abonar.Tras lo cual emprendí mi carrera, y al llegar a la puerta no leí que decía TIRAR ? Me trague la puerta ( ruido infernal y caí hacia atrás). Me sentí imán de todas las miradas boquiabiertas. Me incorporé y salí corriendo, al llegar a la esquina hice un zigzag para ir por la paralela, que era mano opuesta al tránsito, por si me seguía con el auto
A unas diez cuadras había otro drugstore. Necesitaba reponerme, pero tuve miedo que fuera habitué a los mismos y seguí hasta un bar.
Tomé una Gatorade y un café. Dos horas después, volví a buscar mi auto. Había un chico vendiendo flores y le dije- Te doy veinte pesos ? A lo cual respondió-- cada ramo sale treinta pesos señor-
Yo- No quiero flores, solo quiero que te fijes si en esa YPF adentro, en las esquinas, o en la playa de estacionamiento, hay un hombre de unos 50 años, con camisa blanca, pantalón de vestir negro, una corbata azul y saco de corderoy con piel en el cuello --
--Ok señor ?respondió.-
Me quede allí con las flores en las manos, hasta que volvió. Al regresar me dice- Tranqui?el poli se fue?
Le di los $20 y no le aclare que no era poli, para que sintiera que su labor fue importante. Corrí al auto y me fui. Hice polarizar los vidrios y desde entonces miro por la persiana, antes de salir. Un psicólogo como Dotta, es capaz de averiguar donde vivo.
A veces me siento indignado. No puede ser que por su necedad, yo tenga que hacer todas estas tareas, estando sano.
Este es el motivo más importante de mi libro. Dejar impreso que soy psicológicamente normal.
Otra de las razones, es que queden mis escritos para cuando no esté, pero poco importa, porque aunque fuera un best seller (imposible) después de mi muerte, si no estoy físicamente no gozaría nada.
Es ilógico que las personas quieran emocionar a un muerto, cantando su canción en el entierro.
Señores: al fallecido no le corre la sangre por las venas, o sea, que no le camina, ni el corazón, ni los pulmones, ni el cerebro, por lo tanto no puede estallar de alegría. Quien sabe donde fue su alma.
Hay una última y más importante razón. Que alguno de los cuentos o de las frases leídas, le sirvan alguna vez a alguien.