Dios... ¿Por qué hiciste a mi hijo diferente? 2da edicion
Eduardo Jose Moreyra
Ensayo
Un sábado a la tarde
Era un sábado a la tarde, yo volvía de una localidad del Sur
luego de una actividad relacionada con mi libro ?Internar a los
Padres en un Geriátrico?. Era un atardecer destemplado y gris,
muy poca gente en la calle y muchas ganas de llegar a mi casa.
Me detuve ante un semáforo en rojo y mientras esperaba la
luz verde para retomar la marcha, aunque no había ningún vehículo
en cuadras a la redonda, de pronto me di cuenta que me había
quedado mirando algo que llamó mi atención: en la parada del
colectivo, que estaba a cinco metros de distancia, una mujer joven,
pero con el rostro envejecido por un indisimulable agotamiento,
acomodaba la ropa y el pelo de dos chicos que, calculé, tendrían
entre doce o trece años cada uno, incluso imaginé que eran mellizos,
hecho que, en realidad hubiera sido anecdótico.
La escena no tenía nada de raro, sin embargo algo me empujaba
a seguir mirando. A veces los vicios profesionales del periodismo
nos impulsan a quedarnos enganchados en personas o temas
que ?algo? tienen. O por lo menos así lo creemos.
¿Y qué había de raro? La verdad, de raro, nada, simplemente
que la mujer, quien seguramente era la madre, acicalaba con gran
cariño ?saltaba a vista- a sus dos hijos afectados por el Síndrome
de Down. Lo primero que pensé fue ?¡Pobre mujer, qué vida debe
llevar?!?. A partir de ese momento y hasta que llegué a mi casa estuve
invadido por esa imagen y recuerdos, escenas, relatos de lo que
ocurre en una familia donde nace un chiquito discapacitado, esto
que ahora llaman ?con capacidades diferentes? en este mundo
cada vez más hipócrita que tiene miedo de llamar a las cosas por
su nombre, pero, bueno, eso es otra historia.