Descripcion: INTRODUCCIÓN
Cuando en los primeros años de mi profesión me creí capaz de enseñar, tropecé con una tarea que me resultaba no grata: la planificación anual.
Ignorante de todo ese conocimiento tuve que recurrir a los docentes, esos bravos héroes anónimos que saben y hacen de todo, para que me explicaran como efectuarlo.
Aparecieron en mi vida verbos a los que jamás había prestado atención: motivar, inducir, incentivar, interesar (al alumno para enseñarle la materia en cuestión).
Imaginen por un momento en que situación me encontraba yo, un ingeniero que además era técnico y que pretendía dar materias relacionadas con la Física y la Matemática, envuelto en algo que hasta me parecía sin sentido.
Sepan comprender que yo era de los creían que todo se resolvía aplicando una fórmula o planteando un sistema de n ecuaciones con n incógnitas.
Y todavía peor, había hecho mentalmente una separación entre lo que se había estudiado desde la época del Renacimiento hasta ahora, con lo más antiguo digamos desde la cultura griega hasta esa época.
Por suerte mi soberbia desapareció rápidamente, porque descubrí (medio grandote ya) que para que a uno lo escuchen ....