Descripcion: FIDELIDAD MATRIMONIAL Cargado de polvo y piojos volvió Pedrus Enriqus de las Cruzadas. Cuando golpeó con la fusta de plata la vieja madera de la puerta de su castillo, sólo lo reconoció el perro más viejo, que se acercó moviendo su mísero rabo. Los demás se conformaron con mostrar los dientes y arañar la tierra. Su esposa no salió a verlo porque le tenía horror a los piojos y otro tanto al aliento de su bienamado, así que el Señor de Fortín de Piedra Gris tuvo que bañarse dos veces y lavarse la cabeza otras cinco antes de ser admitido en los aposentos de su esposa. Cuando la vió, pudo medir entonces el tiempo transcurrido desde su último encuentro. Ella estaba visiblemente más gruesa e invisiblemente más fastidiada.
- ¡Salud! - le gritó desde su acolchado asiento.
- Mis respetos, - musitó él, limpiándose la mano en la ensortijada barba. Se aproximó unos pasos.
Por gentileza, ella se vio obligada a incorporarse. Al hacerlo, se oyó el chirrido que con un quejido involuntario, le recordó su infección.
- ¿Qué te ocurre, paloma? - gritó Pedrus.
- La llave, sire, ¿habéis traído la llave?
Pedrus enmudeció de sorpresa. Pensó que su esposa había pe ....