Descripcion: PROLOGO Me levanté perturbado. Había tenido un descansar incómodo, nada placentero. Una serie de fantasmas habían agitado las sombras de la noche con sonidos huecos. Corría despavorido sin rumbo fijo. Ululaban sirenas acres a mi lado. Una cuadrilla de jayanes, profiriendo gritos destemplados, me perseguía. Pisoteaban mi sombra que se retorcía con el alma astillada. Buscaba esconderme sin encontrar guarida. Temía tropezar y que me dieran alcance. La calle adoquinada, con sabor a eterno abandono, jugaba en mi contra. Vozarrones amenazantes desconcertaban latidos secos. Rostros atezados, como jauría hambrienta, perseguían una presa extenuada que jadeaba angustias. Sudaba desazones tibias. Pesadillas que le dicen. . . Enfundados en chancletas sigilosas mis pies se deslizaron cautelosos del dormitorio. Mi mujer quedó en la cama durmiendo, cara al cielo, con notable placidez. La tenue sonrisa entreabierta que entregaba su rostro develaba una conciencia tranquila. Estaba esmaltando abrazos.