Descripcion: El niño
Cuando tiene sueño se rasca la orejita y pone
cara de perdido. Siempre lo duermo con nanas
y hamacándolo en mis brazos desde que murió.
Hace falta hacerlo sentir que el mundo se
detuvo. Y no hablo del mundo exterior, porque
el niño duerme a pierna suelta sin que los
ruidos lo inquieten. Hablo de mi mundo
interno, porque es imposible que lo venza el
sueño si me detecta alguna cavilación. Nunca
comprendí en qué radica esa antena suya que
me capta tertulias mentales cuando pretendo
dormirlo sin antes haberme callado por dentro;
pero lo inquieta, lo distrae; y conste que jamás
me interesó saber dónde aloja semejante
facultad o cómo la usa.